Años después de que los ejércitos romanos tomaron el control de Judea, Roma atravesó un momento de debilidad debido a las luchas internas desatadas tras el asesinato de Julio César.
La tarea del líder en sus roles de facilitador y pastor consiste en animar y capacitar a los miembros de la célula para realizar la obra del ministerio. Todo comienza con el amor del líder.
Un canto de alabanza a Dios dice: «El Santo… derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió vacíos».